viernes, 12 de diciembre de 2014

Los lugares de culto de los íberos I Parte

SANTUARIOS URBANOS


El estudio de estas estructuras sacras atenderá a una diferenciación, en primera instancia, geográfica, y a continuación diferenciaremos según la tipología de los santuarios, siempre atendiendo al marco geográfico (sur y norte). Como es lógico nos encontraremos con recintos sacros en todo el territorio de influencia ibérica, es decir, desde Andalucía y el levante hasta el noreste peninsular, ante esta gran extensión diferenciaremos estos santuarios urbanos en dos grupos, grupos meridionales y grupos septentrionales. En los primeros predominan los santuarios dinásticos (sin hogar o con carácter secundario), y en los grupos septentrionales predominan los santuarios gentilicios (con hogar). 

En lo que respecta a lo que se conoce en la investigación como “templos urbanos” donde también podemos hacer una diferenciación, al igual que con los Santuarios de mayor entidad, en las zonas meridionales nos encontraríamos con los recintos sacros y en la zona septentrional los templos de tipo clásico, diferenciaciones que están en relación con la diversidad de las culturas del Mediterráneo, que según Almagro y T. Moneo son coetáneas en los puntos del Mediterráneo con influencias de fenicios y griegos, con las diferencias o similitudes que esto acarrea. 

Estas diferencias entre la morfología de las estructuras sacras responde al sustrato social y cultural que afecta cada zona geográfica, así los santuarios gentilicios son de clara Influencia indoeuropea, mientras que los dinásticos (culto al antepasado) tienen una influencia tartessica-orientalizante.

De la mano de estas diferenciaciones culturales y geográficas, debemos también atender a la variabilidad tipológica que podemos encontrarnos entre los recintos sacros, en cuanto a sus elementos formales y funcionales.

Algo que es común a la mayoría de estos recintos sacros es que se situaban en el punto más alto de los oppida o en la entrada de este de éstos. La evolución de cada tipo atenderá a cada una de las diferencias que hemos comentado tanto a su situación geográfica como al substrato social que influirá de mayor o menor medida en cada momento.

Podemos diferenciar tres tipos de santuario urbano según su función o tipología: santuarios domésticos gentilicios, templos urbanos, y otros tipos que pueden ser “de entrada”, santuarios con enterramientos de neonatos y los santuarios de tipo incierto.


1.1 Santuarios domésticos o dinástico gentilicios


Este tipo de santuarios se caracteriza por aparecer integrado o en relación con una vivienda, o en todo caso, con un edificio cuya planta no se diferencia tipológicamente de una construcción doméstica. Habitualmente presenta unas dimensiones notables y ocupan un lugar relevante dentro de lo oppida, por lo que se podrían corresponder con viviendas de la élite.

Son documentados el hallazgo de materiales sacros, pues no presentan tipología templar ni orientación alguna. Normalmente suelen estar emplazados en la parte más alta de la ciudad, como ocurre en La Serreta o El Amarejo, y en una zona central de la población, como en los casos del Cerro de las Cabezas, El Oral, Puntal dels Llops o San Miguel de Liria, y en ocasiones dan a una plaza central, como ocurre en Puig Castellet y Moleta de Remei.

Podemos reconocer dos subtipos principales, los “santuarios dinásticos” y los “santuarios gentilicios”, que vienen definidos por el sustrato cultural e ideológico: orientalizante en la parte meridional, Bronce Árgárico e Ibérico en el Sureste y Levante, y los Campos de Urnas, en las zonas septentrionales (Moneo, 2003).


Santuarios dinásticos:

Quedan integrados en las viviendas del poblado. Su planta es irregular y compleja en ocasiones, apareciendo articulados en varias partes, con un patio de entrada y uno o más compartimentos cubiertos. En acceso a la zona sacra se realiza a través del patio, enlosado, teniendo al fondo la cella y el adyton. Un ejemplo característico lo podemos encontrar en el santuario del Cerro de las Cabezas, Valdepeñas.

Está caracterizado por tener un acceso a través de un patio desde la vivienda principesca. Al fondo nos encontramos con el sancta santorum, a modo de plataforma, es común que estas zonas sagradas tengan zonas de banquete y celebración en zonas preparadas del patio. Dentro nos encontramos con un sillar o elemento de piedra de clara función religiosa, identificado como un pilar-estela (Bonet, 1992a), también identificado en el Campello-C, en Torreparedones, o en San Miguel de Liria. 


Como ejemplo citaremos el santuario del Cerro de las Cabezas. Lo encontramos en uno de los oppida más grandes de la península, situado en la intersección de las dos vías más importantes, localizándose el edificio frente a la puerta principal de entrada. Probablemente estaba en relación con una construcción de tipo doméstico de mayor tamaño.

En cuanto a la estructura del santuario estaría formada por 2 estancias (A y B); en la estancia A, de menor importancia, solo hallaron restos óseos y cerámicos esparcidos. Será en la estancia B donde visualizamos la importancia del santuario, con una entrada directamente desde la calle a través de peldaños; en el centro de la estancia nos encontraríamos con una estructura rectangular formada por piedras trabadas con barro a través de la cual se elevan tres bloques de cuarcita hincados a forma de estelas.

La disposición de la estructura central de piedras podía interpretarse como un altar sacrificial o como mesa de ofrendas, y en las esquinas nos encontraríamos con dos hogares. Se le podría dar una cronología del s. III a.C. y también podría interpretarse como un santuario de entrada por la relación que tiene con la entrada al oppidum.

Santuarios con estructuras similares se documentan en el Mediterráneo Oriental, desde Palestina hasta Creta, Micenas y Chipre habiéndose relacionado con la dispersión de los Pueblos del Mar en los siglos XII-XI a.C., así como en los santuarios púnicos de Cerdeña, Malta, Sicilia y el Norte de África.

En consecuencia, estos santuarios ibéricos, en función de este modelo oriental, se caracterizan por ofrecer una gran variedad de plantas. La importancia estriba en el patio abierto, a veces con pórtico, donde aparece un altar sacrificial en forma de hogar, en ocasiones acompañado de mesas de ofrendas y restos de animales. En ocasiones presentan bancos corridos en la cella, que serán utilizados como asientos y/o para depositar ofrendas, que también aparecen depositadas en favissae o thesaouroi (Almagro-Gorbea, Moneo, 2000).

Se extienden principalmente por la zona Sur y Sureste de la Península, donde aparecen integrados en edificios mayores que han sido interpretados como construcciones palaciales, que parecen tener su origen en el periodo Orientalizante, como vemos en el caso de Cancho Roano, Zalamea de la Serena, Badajoz.

El carácter sacro de estas palaciales derivaría del carácter sacro del monarca, lo que implica su integración en el complejo palacial. 


Santuarios gentilicios:

Estos santuarios se caracterizan por estar integrados también en construcciones mayores, entendidas como palacios. Sin embargo estos se diferencias estructuralmente de los anteriores, pues presentan una planta regular y rectangular, de una sola habitación, la cella, cuya forma parece proceder de la casa de rectangular de medianiles comunes de los poblados de la cultura de Campos de Urnas (Almagro-Gorbea 1994a; Moneo, 2003). Por lo general, la cella da a la calle y ofrece en su interior, en el centro o esquinas, un hogar ritual con restos de ofrendas, y oacasiones, asociado a este, un altar de sacrificios. A este tipo corresponden los santuarios de La Serreta F-1, Reillo, San Miguel de Liria-42, El Cerrón de Illescas, Alorda Park-D, Burriac, Puig Castellet o Alto Chacón, y concretamente con altar asociado, los ejemplos de Castellar de Pontós, La Moleta de Remei-7 o el Corte 1 de Ullastret.

El santuario gerundense de Ullastret presenta una única habitación rectangular, en cuyo centro tiene una estructura troncocónica de piedra interpretada como un altar sacrificial (San Martín, Santacana 1987b). Se trata de un edificio difícilmente interpretable pero asociado al palacio del oppidum. 

En estos santuarios, el hogar está hecho de arcilla cocida y con decoración geométrica y figurada de valor apotropaico en la superficie. En ocasiones estos motivos parecen aludir a los antepasados, como en el caso del Cerrón de Illescas, donde un relieve de estilo orientalizante parece eludir a los antepasados heroizados. 

También aparecen asociados a estos hogares, morrillos, generalmente con cabezas equinas o de carnero, que serían elementos del sacrificio a los manes de los ancestros. Este tipo de hogares y ritos se documentan desde el s. V a.C. en el litoral helenizado de la Galia, y los ibéricos deben ponerse en relación con estos, dadas las profundas afinidades de sus respectivos sustratos culturales, que arrancan de la misma tradición de la llamada cultura de los Campos de Urnas, relacionada a su vez con el mundo celto-ligur, y con tradiciones de cultos domésticos del mundo indoeuropeo.


1.2 Templa Urbanos

Son edificios aislados con forma regular teniendo en cuenta su orientación astronómica. Cabe diferenciar entre dos tipos básicos: el primero de ellos se caracteriza por ofrecer un recinto sacro a cielo abierto, para el que se ha supuesto un origen feno-púnico. El segundo tipo está integrado por edificios que ofrecen una estructura de templo clásico y que reflejan influjos estilísticos del mundo grecorromano. 


Recintos Sacros:

Se documentan exclusivamente en el sureste, pues los dos casos conocidos están en la provincia de Alicante, La Alcudia y Campello-C, fechados a partir del s. IV a.C. Están localizados en el interior del poblado, en un área céntrica. Se trata de edificios a cielo abierto, de planta cuadrangular que no supera los 8 m. de lado, orientados hacia el sur, y en su interior, en el centro, se encuentra una estructura rectangular, interpretada como mesa de ofrendas (Ramos, Fernández 1995) o Altar (Llobregat, 1988).

Ambos recintos sacros alicantinos podríamos relacionarlos con sepulturas que están próximas a los santuarios. Estas sepulturas podrían tratarse de heroa, con estructuras de culto al héroe, de influencia feno-púnica helenizado. El origen de estos recintos parece semítico por su semejanza con construcciones sacras del mundo fenicio, que suelen ser al aire libre, no muy grandes, y en su centro suele aparecer un betilo, el altar de sacrificios y en ocasiones dos columnas con significado sacro, cuyo ejemplo lo tenemos en los templos de Ugarit y de Kerkouane, entre otros de todo el Mediterráneo Oriental. Sin embargo algunos elementos también parecen recordar al mundo helénico, como los tambores de columnas dóricas del Campello, lo que se puede explicar por el sincretismo cultural.

El recinto sacro de La Alcudia de Elche, antigua Illici, oppidum preeminente de la Contestania, se encuentra en la zona central del poblado, tiene una planta cuadrangular y está orientado astronómicamente. Sus muros tienen 8 m. de lado y son de adobe con zócalo de piedra. En un principio, podríamos decir, que se encontraba a cielo abierto y se accedería al interior desde la puerta situada en el muro Sur. 

Nos encontramos con dos fases. La primera se caracteriza por encontrarnos con una mesa de ofrendas y en su ángulo noreste con una capilla cuadrangular de 2.70 m. por 2, 60 m.

Entre los restos que han sido documentados en su interior, a parte de la gran cantidad de cerámica de importación y exportación, revisten un gran interés los hallazgos escultóricos, situados sobre el banco de ofrendas.

En una segunda fase se puede ver una continuidad en el conjunto cuadrangular. Junto con la mesa de ofrendas aparece una cámara subterránea enlucida donde se practicaba fuego de manera continuada (Ramos Fernández, 1995).

Este edificio ilicitano ha sido interpretado como un lugar para todo tipo de culto, donde se depositaban las ofrendas en forma de exvotos, interpretado como el santuario de mayor importancia en el oppidum de Illici. También habría que tener en cuenta su posible vinculación con un heroa que se encontraría cercano, a juzgar por los restos de esculturas monumentales de guerreros aparecidos en sus cercanías, lo que implica un valor funerario, aristocrático y dinástico para estos edificios, al menos en su origen (Ramos Fernández, 1995).

Por su parte, el recinto del Campello-C, también aparece vinculado a una sepultura, hecho excepcional en los oppida ibéricos, lo que reflejaría de igual modo, cultos funerarios en estos santuarios (Llobregat, 1988). Además, parece asociado a Campello-A, una construcción interpretada como una regia (Almagro-Gorbea, 1993b).


Templos de tipo “clásico”:

Su situación la encontramos en la parte más alta de la población, tratándose de un tipo de santuario marcadamente urbano y de influencia grecorromana. Podemos incluir en este tipo los templos de Sagunto, Ullastret, Castell de la Fosca y Azaila-A, entre otros que ya parecen enmarcados en estructuras urbanísticas plenamente romanas, como el hallado en Porcuna o el de Elche.

Están construidos, normalmente orientados hacia el Este, sobre pódium con elementos arquitectónicos de origen clásico. A menudo nos encontramos con pavimento de mosaico (opus teselatum, signinum) y su interior es un lugar de deposición de ofrendas (exvotos). Los conocemos prácticamente en la zona Nororiental, siendo el más meridional el de Azaila, lo que viene a reflejar las influencias de los contactos con los griegos, que está parte de la Península fueron más intensas.

En fuentes clásicas como Virgilio nos lo encontramos definido como Palacio regio. Seguirá la misma evolución que el resto del mediterráneo, con un culto hacia la persona del monarca (Almagro-Gorbea 1996a). 

En consecuencia, se ve clara la introducción de las creencias religiosas al mismo tiempo que las influencias estructurales, encontrándonos con la influencia directa del mundo clásico sobre el campo ideológico de estos pueblos

Como ejemplo citaremos en el templo clásico Azaila-A. Está situado en el Cabezo de Alcalá, al Oeste de la actual Azaila, como lugar de control en la margen derecha del río Aguavivas. En este emplazamiento nos encontramos con varios recintos sacros, y el que explicaremos será el santuario A, de influencia clara grecorromana, orientado al Este, rodeado de viviendas de carácter doméstico. Este templo ocupa el lugar principal de esta acrópolis, frente a su entrada principal. Construido sobre pódium y con separación interior en pronaos y cella interior. Con características propias grecorromanas, pavimento en signinum y fachada in antis. En su interior, sobre el pódium parece que nos encontrábamos con un grupo escultórico en bronce, con una procesión ecuestre.


                                          Templo de La Luz. In Antis. Según Lillo Carpio.

1.3 Santuarios de entrada

Como su nombre indica, los encontramos en la entrada de los asentamientos, dándole cierta importancia como zonas de paso. Tienen una simbología como punto sacro de los asentamientos, lugar de diferenciación entre el exterior (extraño, peligroso, impuro y subterráneo) y el interior (seguro, celeste y puro) (Monte, 1973).

Podemos diferenciar dos tipos esenciales: santuario de entrada intramuros y santuarios de entrada externos (Ad portam o portuarios).


Santuarios de entrada intramuros:

Están en relación con la calle que conecta con el exterior a través de la puerta principal, suelen estar también acompañando a una construcción mayor, por lo que podría asemejarse a un santuario domestico gentilicio. Un ejemplo lo tenemos en El cerro de las Cabezas (fig. 30 y 31) y el Puntal dels Llops. Este tipo lo encontramos similar por todo el Mediterráneo.

Puntal dels Llops, Lo encontramos en un cerro alto a unos 8 km de Liria estudiado por Gil Mascarell, de planta central en torno a una calle centralizada, con un torreón en la zona de acceso, en el poblado nos encontramos con dos viviendas de mayor tamaño, en las que podemos encontrar actividades religiosas en su interior, gracias al material hallado como en el departamento 1, con dos pebeteros en forma de cabeza femenina, terracotas y cabezas de Tanit, todo en torno a un hogar, interpretado por (Bonet, Mata, 1997) y gran cantidad de objetos de prestigio en la habitación contigua, podía interpretarse tanto material por ser lugar de residencia o zona de reunión de la elite dirigente (Bonet, Mata, 1997)

Santuarios de entrada extramuros:

Los santuarios extramuros ad portan están en relación con alguna de las entradas, vinculados con lo subterráneo, es decir, con cuevas donde el agua tiene mucha importancia, caso de Torreparedones.

En este tipo de santuario solemos diferenciar 3 partes: Vestíbulo, patio y cella (dos altares y columna) que evidencian el carácter ritual.

Este tipo de santuario tiene muchas similitudes con sus paralelos a largo de todo el Mediterráneo. Tendrían una función como rito de paso y de agregación social, relacionado con la fertilidad, el guerrero y la protección de la población.

Además podemos nombrar otro tipo, lo santuarios portuarios, un tipo de santuarios están vinculados con actividades de tipo comercial y de asilo (Almagro-Gorbea, Moneo, 2000).

Se expande por toda la costa, entre el levante y Andalucía desde el s. VII a.C. Están en relación con los cultos orientales, fenicios y griegos, como garantes del cambio y la seguridad personal.

La evolución de los cultos se dio en el momento de descenso de flujos comerciales y surgimientos de los ágora. El santuario de Onuba podía ser un ejemplo en relación de garante del comercio.


1.4 Influencia y continuidad de los santuarios urbanos


El Sureste peninsular tiene una influencia claramente púnica, que llegará tras el fin del periodo Orientalizante.

Podemos encontrarnos ejemplos como los de Ibiza o Villaricos, en los que gracias al estudio del material votivo encontrado y contextualizado en el s. IV a.C., vemos un culto por parte de estas poblaciones hacia Baal Hamon, Bes o Tanit. (Almagro, 1983).

Las fuentes clásicas nos dan una gran información sobre la situación de los distintos templos y santuarios en las entradas o lugares preeminentes de las ciudades, lugares de culto de los cuales en muchos casos no tenemos hallazgo alguno.

Valerio Máximo, Plutarco, Aulo Gelio, Estrabón, nos hace mención de templos como el de la Bahía de Ibiza, Cádiz, Cartagena, Hemeroskopeion, etc.…

Nos encontramos con un gran influjo púnico, sobre todo a nivel ideológico en estos momentos, con la incorporación de divinidades púnicas al panteón ideológico de estos pueblos del Sureste.

Característico de esta zona es la propagación de santuarios suburbanos, los cuales se situaran en lugares estratégicos donde el agua tendrá gran importancia. En estos lugares nos encontraremos con materiales muy característicos de tipo cultico como serían los vasos de cerámica gris caliciformes.

Hasta el s. IV a.C. estos santuarios no serán un espacio de culto individualizado y hasta época tardorepublicana, no llegara el momento en el que se monumentalicen con raíz itálica. Se le debe dar gran importancia a las ofrendas votivas de estos santuarios (exvotos).

Junto a estos edificios era común encontrarse dependencias de carácter comercial y productivo, como ocurre en el Cerro de los Santos.

Durante la época púnica, la presencia del ritual feno-punico fue muy característico en el territorio del sureste peninsular; Estas influencias fueron importantísimas, pudiéndose comparar los oppida ibéricos con las ciudades púnicas, en las que los santuarios y templos ocupaban las colinas más preeminentes de las ciudades, características que son claramente identificables en las descripciones de Polibio y Estrabón sobre Cartagena e Ibiza.

La Conquista romana no representó ruptura alguna con los ritos anteriores, aunque en algunos casos nos encontramos con la suplantación de las viejas estructuras de los templos por unos nuevos al estilo de planta itálica, como se puede observar en el Cerro de los Santos o en La Encarnación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario